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    El Fuego Verde

    Verónica Murguía

    Historia medieval de cuando los elfos y espíritus del bosque aún existían y los bosques llenaban la tierra como un mar verde

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    Ma Fleur

    Cinematic Orchestra

    Excelente disco de Acid Jazz que cuenta con la colaboración de importantes voces como la de Fontanella Bass y Patrick Watson

Las malas palabras… un pequeño cuento

 

– Mamá, ¿qué es una mala palabra?

– Bueno, es un tema difícil de explicar, pero en resumen es una palabra que va acompañada de alguna mirada de desprecio y un sentimiento doloroso en el pecho.

– Pero, ¿de dónde vienen? ¿quién las inventó? ¿están patentadas?

– Vienen de las emociones que son difíciles de expresar con palabras normales. Su invención data de hace mucho tiempo cuando en la era de las cavernas, los hombres andaban descalzos, y al levantarse por la mañana, tropezaban dolorosamente con una roca. Como no existía el lenguaje hablado, corrían de inmediato a alguna cueva a dibujar figuras rupestres que tuvieran el dedo gordo del pie hinchado.

– Explicame algo mami, ¿Son malas palabras porque le pegan a las otras palabras?

– No solo le pegan a las otras palabras, le pegan al lenguaje entero.

– Ya entiendo, pero entonces, ¿Crees que haya palabras que antes eran buenas y ahora son malas?

– Si, las hay. Así como las personas cambian con el tiempo, las palabras también. Así como las personas mueren y nacen, del mismo modo lo hacen las palabras.

– Madre, dame algún ejemplo de palabra que antes era buena y ahora se ha convertido en mala.

– La acabas de decir.

– ¿Y habrá palabras que sean más malas que otras?

– Yo pienso que si, incluso hay categorías que indican que tan mala es una palabra.

– ¿Cuáles son esas categorías mamá?

– Las malas, las malvadas y las perversas.

– Si las palabras buenas lucharan contra las malas, ¿lograrían ganar?

– Por supuesto, como en toda historia en la que el bien triunfa sobre el mal, el problema es que la gente ha dejado de usar las buenas palabras y se han olvidado de ellas. La falta de uso y el desconocimiento de su existencia es como kriptonita lingüística.

– Mamá, ¿una leperada también es una mala palabra?

– No hijo, una leperada es cualquier palabra que se utilice en la región de Lepe, que es una ciudad de la provincia de Huelva, en Andalucía, España.

– Mami, creo que ya entendí, ¿te puedo decir cuáles son dos palabrotas?

– Claro hijo, dime.

– Ciclopentanoperhidrofenantreno y Esternocleidomastoideo.

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Hoy mi madre cumple años de vida y un año sin mi padre

  Hoy, como cada siete de mayo, desde hace sesenta y tres años, mi madre celebra doce meses más de vida . 

 Como para muchas cuestiones, tengo ideas preconcebidas de las cosas. Una de ellas es que siempre imaginé a una persona de sesenta y tres años como alguien muy mayor, con el pelo encanecido, la columna encorvada y lento andar, sin embargo, no mi madre. Ella vino a romper el estereotipo auto creado que mi mente ya concebía hace mucho tiempo atrás.

Mi visión ha cambiado. La percepción que tengo de las personas de sesenta y tres años ha sido totalmente transformada por mis padres. Mi progenitor, por ejemplo, murió a esa misma edad hace ya casi un año y la gente no deja de repetirme que se fue demasiado jóven, que su vitalidad e imagen correspondían a un hombre de acero que no se dejaba doblegar por el tiempo. Mi madre, ahora cerca de alcanzarlo en edad, es otro ejemplo de fortaleza que me provoca olvidar su edad y pensar que anda rondando los cincuenta y tantos. Inclusive, llego a olvidar la edad de ambos y únicamente recupero la conciencia de su paso por la vida cuando realizo la operación matemática basada en sus años de nacimiento, pero en mi mente ambos tienen cincuenta y tantos.

Este es un año particularmente difícil para mi madre. El primero que celebra sin su hombre al lado. No le faltan amistades, ni llamadas telefónicas acompañadas de buenos deseos. Le falta la mitad de su corazón, su compañero, su eterno apoyo, no obstante, su carácter le prohíbe dar muestras de debilidad. No se puede permitir dejar de sonreír ni de socializar. Su exterior proyecta fortaleza, ánimo, esperanza; aunque su alma se encuentre rota en mil pedazos.

Mamá, te deseo un feliz cumpleaños, y que el dolor que llevas en el corazón desde el año pasado aminore con el tiempo, que tu fortaleza siga intacta, como el glaciar que no se doblega ante la ventisca gélida, que el amor que todas las personas que te conocemos sentimos hacia ti te haga superar la gran pérdida que has tenido. Yo, tu hijo, estoy aquí para mostrarte que la vida continúa, y que la dolorosa ausencia de mi padre no significa que nosotros debamos dejar de vivir…