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    Verónica Murguía

    Historia medieval de cuando los elfos y espíritus del bosque aún existían y los bosques llenaban la tierra como un mar verde

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    Ma Fleur

    Cinematic Orchestra

    Excelente disco de Acid Jazz que cuenta con la colaboración de importantes voces como la de Fontanella Bass y Patrick Watson

Extrañándote

 

Te extraño… más que nunca… a ti y a tus letras

 

Extraño tu pierna desnuda en el asiento del auto…

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El mundo estaba bien…

 

A pesar del velo que cubre su destino y de la demencia con la que me aferro a sus pasos, nuestras vidas están eternamente unidas por un beso, sin importar lo que suceda, ella es parte de mi; como olvidar que en aquella otra vida me sentía arropado entre sus brazos, tan inverosímil como un viaje a tierras lejanas y tan fugaz como los fuegos artificiales que se perciben desde el balcón de una celebración que nunca tuvo lugar, y sin embargo éramos ella y yo, volábamos juntos e imaginábamos personajes extraordinarios que trascendían tiempo y espacio, entonces el mundo estaba bien.

 

Solía recibirme con un beso ,casi tan perfecto como el de la primera vez, y sus labios eran tan cálidos que cualquier temor se desvanecía al entrelazar sus dedos con los míos, entonces caminábamos tomados de la mano, conversando sobre pueblos mágicos y campos de golf, sobre helados sabor macadamia y películas surrealistas de Terry Gilliam.

 

No éramos solamente dos personas más que caminaban por el callejón empedrado bajo la lluvia de junio, éramos tan protagonistas como los personajes de nuestro imaginario, cantábamos en el mismo tono, pateábamos las piñas que caían de los árboles, visitábamos cafés en los que nunca antes habíamos estado, cambiábamos la rutina cada día y lo único que invariablemente estaba presente eran aquellos besos insaciables que nos robábamos el uno al otro.

 

Quisiera poder decirle  que sus palabras siempre llegarán al puerto indicado, que sus ojos tampoco dejan de mirarme y que yo los miro con insoportable nostalgia, que me gustaba y que cada centímetro de mi piel la echa de menos. También quisiera volver el tiempo atrás y aferrarme a aquel último beso…

 

En mis sueños…

Anoche estuviste en mis sueños y te besé… fue como la primera vez, como cuando no importaban los finales no escritos, ni tampoco los escritos, no había finales, y lo único que valía era un largo beso clandestino bajo el cobijo de aquellos tres niveles de estacionamiento.

 

Tu perfume apareció en mi sueño, el jazmín que todos los días aplicabas en tu cuello de manera intencional y que era solo para mi, pude olerlo nuevamente… de forma tan vívida como aquel día.

 

Soñé que otra vez tocaba tus manos suaves y tersas, lentamente las llevaba a mis mejillas y cerraba los ojos, para sentirme protegido, para saber que estabas ahí conmigo, que solo éramos tu y yo.

 

Sueño sin sentido y sin embargo añoro volver a soñar, así como también escribo sin sentido, a veces creo que solo escribo para ti, porque a las palabras no se las lleva el viento, de alguna forma las deposita en el buzón del destinatario correcto, sigo sin saber cómo o por qué, y sé que aún sin dirigirte estas palabras llegarán a ti, y que al menos mientras me lees existo en tu mente.

 

Aquel beso parece haber atado nuestros universos, que siguen girando en sincronía aún a la distancia, y aunque tu mundo ya no me pertenece, sigo tus pasos desde aquí, miro por mi ventana esa gran mancha urbana y te siento en alguna parte, sé que también despiertas en algún lugar,  y que tus palabras y el olor a jazmín me acompañarán a donde quiera que vaya.

 

Escribo tantas cosas sin sentido, que las palabras que debería de decir no las digo y las que no debería decir fluyen sin pudor… nunca te dije que mi letra favorita es la “D”.

 

Anoche te besé en mis sueños, y no quería despertar… no quería…

La duda

 

A veces me pregunto si pensarás en mi de vez en cuando, o si aún me lees, y si en tus pensamientos soy aquel villano sin sentimientos que viajó a otra galaxia muy muy lejana.

 

En días como hoy te extraño…

Planos paralelos

Sabré olvidarte con el paso de mis días; no vives en mí; no compartimos el mismo espacio ni tiempo; es más, no logro recordar tus rasgos; no puedo tenerte ni puedes tenerme; seamos pues vagabundos traslúcidos con destinos separados.

No guardes esperanza en tus rincones, pertenezco a otro mundo, a otro ferry, no mezclemos nuestros anhelos por subyugarnos a un falaz deseo, seamos incienso sin propagar, ternura sin demostrar.

Dame alas, no postergues el dolor de una utopía, sé fuerte como el roble que inmutable ve pasar al viento sin atesorarlo, no soy tu mundo, ni estoy del lado de tu acera, tienes que hacerte a la idea.

Cabalguemos en planos paralelos sin tangentes, no sabré de ti, no sabrás de mi, el recuerdo será nuestra pequeña historia trunca, sin sobresaltos, sin ataduras, sin suspiros ahogados ni rencores conservados.

Hoy me despido de ti, por favor haz lo mismo que yo a oscuras…

De regreso

Después de un par de meses de pausa (nunca de abandono) de este espacio, estoy de regreso, para continuar contando mi visión del mundo desde las letras que surgen de mi alma. Un agradecimiento a todos aquellos que preguntaron constantemente por mi y mostraron su interés y preocupación, el motivo fue la atención de asuntos personales y laborales que exigieron dedicación de tiempo completo, pero ahora ¡he vuelto!

Amor no olvidado

Hoy te recordé y comencé a extrañarte. No sé si nunca lo superé, o si mi castigado ego provocó el mutismo que me mantiene ausente y sin embargo pendiente de tu existencia.

Quizá la neblina que asoma esta mañana por mi ventana me hizo evocar tu recuerdo, o tal vez fueron las escamas metálicas de la lluvia de anoche. No lo sé… pero esta mañana mis cinco sentidos te echan de menos.

Recordé tus pies descalzos sobre los míos y como odiabas sentir el césped; recordé la humedad de tu cabello cuando reíamos bajo la lluvia de verano, yo intentando refugiarme y tu obligándome a empaparme. También recordé el contorno de tu cuerpo bajo la breve tela de las sábanas de lino; y el sutil sabor virginal en la punta de nuestro deseo. Recordé el olor a panecillos de jengibre que salía del horno en las tardes lluviosas.

¿Cuántos besos de buenas noches compartimos? ¿Lo has olvidado? Ciento treinta y dos, contando aquel que nos dimos sin querer. No sé por qué lo recuerdo, a estas alturas ya debería haber presionado el botón de “reset”.

Nunca supe qué fue de ti, me gusta pensar que me recuerdas alguna vez durante tus noches indelebles. Me gusta pensar que siempre fue tu intención contarme por qué tenías vértigo cuando te invitaba a volar conmigo; o por qué preferías vainilla en lugar de chocolate; y por qué te gustaba el pospretérito y a mi el presente perfecto. No es que quisiera que fueras como yo, pero hubiera querido que tomáramos el mismo tranvía.

No sé por qué nunca fui capaz de preparar el baúl de los amores olvidados para recibirte a ti, con bombo y platillo, con alfombra roja y pétalos de rosa regados en tu honor.

Podría volver a caminar sobre el césped, pero no deseo sentir el camino, no tiene caso sin aquellos pies descalzos sobre los míos.