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    El Fuego Verde

    Verónica Murguía

    Historia medieval de cuando los elfos y espíritus del bosque aún existían y los bosques llenaban la tierra como un mar verde

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    Ma Fleur

    Cinematic Orchestra

    Excelente disco de Acid Jazz que cuenta con la colaboración de importantes voces como la de Fontanella Bass y Patrick Watson

Te pido perdón…

Escombré mi diván y encontré tus recuerdos, tan vívidos como cuando eran presente y tan lejanos como si de otra vida se tratara. El polvo acumulado de años me hizo sentir cansado y apesadumbrado, al grado que mis hombros resintieron tanta carga.

Hoy no quiero usar palabras poéticas ni metáforas, solo quiero abrir mi corazón si es que aún me lees.

Mis pensamientos, palabras y acciones para contigo son de profundo arrepentimiento por el daño que te hice, sé que pertenezco al baúl de los recuerdos al cual me llevaste tomados de la mano, sé que nada cambia lo sucedido, y sé que quizá mis letras y tus letras siguan convergiendo en la eternidad de nuestra historia no escrita; pero hoy más que nunca, quiero pedirte perdón.

Ni Madrid ni Tokio nos verán caminar, ni la Plaza de la Constitución compartirá sus fuegos artificiales con nosotros, ni los callejones del centro serán testigos de nuestros besos, ni los estacionamientos clandestinos volverán a detener el mundo, ni los helados de sabores exóticos complementarán el sabor de tus labios, ni las calles repletas de hojas secas murmurarán tu nombre, ni las salas de cine con su inseparable oscuridad nos cobijarán bajo un manto de ilusiones; nada de eso pasará, pero tampoco nada cambiará lo que vivimos; de eso no me arrepiento, ni por un segundo, ni por un instante; tampoco de pronunciar tu nombre, ni de escuchar el mío de tus labios; de lo único que me arrepiento es de haber dado la vuelta sin mirar atrás, y de haber soltado tu mano cuando deseaba aferrarme a ella. Desde entonces con cada paso que doy la distancia es mayor y cada paso duele; esa es mi penitencia, tan larga y cruel como ninguna, tan vana y dura como la vida misma.

Seguramente nuestros caminos no volverán a cruzarse, ni siquiera podría mirarte a los ojos o decirte las palabras correctas, pero eternamente llevaré conmigo el polvo del diván, tan pesado como la carga sobre mis hombros; te pido perdón, porque no era mi intención dañarte, y siempre te llevaré muy dentro, tan profundamente que duele.

Quizá hoy me siento impermanente, siempre lo fui, pero nunca lo sentí, y quiero limpiar mi esencia, en un afán de aferrarme al sentimiento de haber tenido una vida significativa, y en la medida de lo posible quiero limpiar el desastre que he dejado tras de mi.

Te pido perdón Denisse, por todo…

 

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