• Facebook

  • El libro del mes

    El Fuego Verde

    Verónica Murguía

    Historia medieval de cuando los elfos y espíritus del bosque aún existían y los bosques llenaban la tierra como un mar verde

  • El disco del mes

    Ma Fleur

    Cinematic Orchestra

    Excelente disco de Acid Jazz que cuenta con la colaboración de importantes voces como la de Fontanella Bass y Patrick Watson

En mis sueños…

Anoche estuviste en mis sueños y te besé… fue como la primera vez, como cuando no importaban los finales no escritos, ni tampoco los escritos, no había finales, y lo único que valía era un largo beso clandestino bajo el cobijo de aquellos tres niveles de estacionamiento.

 

Tu perfume apareció en mi sueño, el jazmín que todos los días aplicabas en tu cuello de manera intencional y que era solo para mi, pude olerlo nuevamente… de forma tan vívida como aquel día.

 

Soñé que otra vez tocaba tus manos suaves y tersas, lentamente las llevaba a mis mejillas y cerraba los ojos, para sentirme protegido, para saber que estabas ahí conmigo, que solo éramos tu y yo.

 

Sueño sin sentido y sin embargo añoro volver a soñar, así como también escribo sin sentido, a veces creo que solo escribo para ti, porque a las palabras no se las lleva el viento, de alguna forma las deposita en el buzón del destinatario correcto, sigo sin saber cómo o por qué, y sé que aún sin dirigirte estas palabras llegarán a ti, y que al menos mientras me lees existo en tu mente.

 

Aquel beso parece haber atado nuestros universos, que siguen girando en sincronía aún a la distancia, y aunque tu mundo ya no me pertenece, sigo tus pasos desde aquí, miro por mi ventana esa gran mancha urbana y te siento en alguna parte, sé que también despiertas en algún lugar,  y que tus palabras y el olor a jazmín me acompañarán a donde quiera que vaya.

 

Escribo tantas cosas sin sentido, que las palabras que debería de decir no las digo y las que no debería decir fluyen sin pudor… nunca te dije que mi letra favorita es la “D”.

 

Anoche te besé en mis sueños, y no quería despertar… no quería…

Carta recibida…

Cada noche fría de insomnio, él solía recordarla, se levantaba cansado de dar vueltas en la cama y volvía a leer alguna de aquellas cartas que recibiera desde algún lugar remoto, entonces le invadía una profunda nostalgia. De vez en cuando miraba dentro del buzón con la esperanza de encontrar una nueva misiva, y al parecer esta era su noche de suerte.

 

Abrió con delicadeza el sobre y comenzó a leer sin poder controlar las palpitaciones provocadas por la emoción y el misterio, pues vivía para recibir aquellas líneas escritas desde un plano sin tiempo.

 

Mientras deslizaba los ojos a través de aquellas letras, evocaba felices recuerdos al lado de su musa, y con cada palabra que leía la extrañaba más. En aquella carta ella le habló de la eternidad de un beso, de alguna que otra lágrima derramada, de una dulce nostalgia y de caminos que no volverían a encontrarse, y aunque él había jurado fortaleza, no pudo evitar que una lágrima deslizara por su mejilla y acabara cayendo sobre el papel blanco y negro.

 

Cuando terminó de leer la carta, el sol comenzaba a asomarse por la ventana, aquella carta había despejado la duda y le había dado certeza de que ella aún lo recordaba a pesar del tiempo y de la eternidad de aquel beso infinito.

 

Quizá ella había sido lo más auténtico que él pudo tener en su vida, quizá aún no se perdonaba por haber hallado el beso perfecto y haberlo perdido, quizá nunca dejaría de pensarla y de quererla…