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    Historia medieval de cuando los elfos y espíritus del bosque aún existían y los bosques llenaban la tierra como un mar verde

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    Excelente disco de Acid Jazz que cuenta con la colaboración de importantes voces como la de Fontanella Bass y Patrick Watson

Amor y dinero

– ¡Ya no tenemos agua caliente! – dije exaltado.

– ¡Pues báñate con fría! – replicó ella con tono impaciente.

– ¿Pero que no ibas a comprar esta semana el gas para el calentador? – respondí.

– Como si alcanzara con el dinero que tenemos – me dijo mientras me dirigía una mirada asesina. No insistí.

Hacía apenas una semana que me encontraba leyendo el periódico, sentado en mi sillón favorito de la casa, con vista hacia el jardín. Bastaba con levantar la cabeza para empaparse de aquel panorama en el que predominaba el color verde de las hojas sobre el césped recién cortado. De vez en cuando ella pasaba detrás de mí y mecía mis cabellos con los dedos, solía inclinarse y darme un beso en la mejilla.

– Eres el hombre perfecto – decía.

Lo teníamos todo, habíamos construido una barrera afectiva impenetrable, al menos eso sentía yo.

– ¿No te cansa escuchar ese disco de Roberto Carlos una y otra vez? – solía preguntarle.

– Claro que no – me respondía -, “No te apartes de mi” es mi canción favorita, me recuerda a ti.

Tuve una idea. En la siguiente navidad le regalaría unos boletos para volar a Río de Janeiro y asistir a una presentación del cantante. Guardaría celosamente el secreto y prepararía algo especial para sorprenderla. Quizá una cena en aquel restaurante en el que servían lomo de jabalí en salsa de arándanos y su postre favorito, pastel de vainilla inglesa con láminas de tabaco.

Como aún faltaba tiempo para la celebración navideña, se me ocurrió pasar a la mañana siguiente a comprarle un ramo de rosas rojas, con el tallo largo como le gustaban, pues decía que las de tallo corto solo se podían meter en un florero, sin embargo las de tallo largo se podían plantar en el jardín. Ella tenía un don para cuidar las flores.

Cuando miré el ramo de rosas recién comprado, tuve la sensación de que aquel modesto presente no era suficiente, así que lo acompañé con su perfume favorito: “Pure Elixir Poisson” y una caja de finos chocolates belgas.

– ¿Efectivo o tarjeta? – me preguntó la vendedora.

– Tarjeta por supuesto – respondí, obviando que nadie cargaría en efectivo aquella impresionante cantidad de dinero impresa en el ticket de compra. ¡Ella lo valía!

Al regresar a casa después de una extenuante jornada laboral, apenas abrí la puerta, ella bajó corriendo la escalera para recibirme. Cuando me vio con el ramo de rosas en la mano, acompañado del costoso perfume y aquellas delicias belgas, se apresuró hacia mis brazos y me cubrió de besos. ¡El plan había salido perfecto!

Hacía una semana, todos los planes salían perfectos.

Apenas ayer recibí la noticia. Habría recorte de personal en la oficina, todo aquel que tuviera menos de cinco años trabajando para aquella corporación sería susceptible de “entregar la credencial de acceso”. Mi tiempo de trabajo acumulado desde que firmé contrato no excedía los cuatro años y ocho meses. Tras un día de agónica incertidumbre, mi jefe me llamó a su oficina. Una hora más tarde, mis temores se habían confirmado, formaba parte de los afectados por el recorte.

Cuando llegué a casa, no llevaba mi habitual expresión alegre de todos los días, esta vez era diferente. Ella bajó la escalera para recibirme como siempre. En cuanto me vio supo que algo pasaba. Le conté lo acontecido en aquella oficina a la cual ya no podría volver al día siguiente. Le conté de mis frustrados planes para asistir con ella a la presentación de Roberto Carlos en Río de Janeiro para la navidad siguiente. Le conté lo que había gastado en aquel ramo de rosas de tallo largo, acompañado de chocolates belgas y su perfume favorito. Todo aquello había sido pagado con el crédito que yo creía inagotable y que ahora no podría cubrir, al menos hasta encontrar un nuevo empleo igual de bien pagado.

Cuando levanté la vista, ella me miraba con expresión seria. No dijo palabra alguna. Se levantó y fue hacia su habitación.

Los días siguientes fueron como estar viviendo la vida de alguien más. No parecía mi realidad. Ella casi no me dirigía la palabra y cuando lo hacía era para reprocharme por alguna compra que ya no podría hacer debido a mi despido.

El frío de la ducha me hizo olvidar aquellos recientes recuerdos y emitir un gemido involuntario por la desagradable sensación del chorro de agua sobre mi espalda.

– Tengo una oferta de empleo – le dije, tratando de disimular el temblor de voz provocado por la gélida temperatura del agua.

Ella entró al baño y corrió la cortina tras la cual yo intentaba enjabonarme.

– ¿En serio? ¿En dónde? – preguntó.

– Es una empresa de reciclado de residuos, no es tan bueno el pago, de hecho es mucho menor que el anterior, pero es algo temporal – respondí.

Nuevamente cambió su expresión, desapareció la sonrisa de entusiasmo que durante breves instantes me había obsequiado y apareció una mirada dura. Cerró la cortina del baño y salió sin decir palabra alguna…

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4 comentarios

  1. Vaya forma de corresponder a tanto amor. Más valía que ella buscase trabajo en vez de dejar toda esa carga al marido. Menos mal que las cosas, aunque lentas, están cambiando. Muy bien expuesta la situación. Un abrazo.

  2. Hola Elena

    Lo peor es que estas situaciones suceden en la vida real, y a veces es al contrario, el hombre es quien hace mil reproches a su pareja, sin percatarse que su realidad ha sido construida entre los dos y desafortunadamente veo este tipo de cosas en la relación de personas cercanas a las que estimo.

    Gracias por la visita, te mando un abrazo.

  3. Me gustó el relato, no es común encontrar que se exponga el costado abusador de las mujeres, que si bien no es violencia física, es una clase de abuso emotivo. Está muy bueno cómo exponés el otro lado, con una situación cotidiana y natural. Un abrazo!
    PD: voy a seguir recorriendo tu espacio un poco más.

    • Hola Claudia

      Te agradezco el comentario, bienvenida a este espacio, puedes pasar por acá cuando quieras. Aprecio mucho que te haya gustado el relato. Un abrazo para ti también.

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