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    Excelente disco de Acid Jazz que cuenta con la colaboración de importantes voces como la de Fontanella Bass y Patrick Watson

La coincidencia

(Basado en una historia real)

Aquel lugar era una vieja casona, de estilo rústico y olores cálidos, que había sido remodelada para construir habitaciones que en la época de vacaciones eran ocupadas por montones de alegres turistas. El corredor principal llevaba a un amplio jardín, repleto de limoneros, naranjos, colorines, rosales y  palmeras altas e imponentes que eran sacudidas por las ráfagas del viento otoñal, que comenzaba a permear en la región.

Don Silvestre Mejía trabajaba en aquella posada desde que aún era habitada por la dueña hacía quince años, pero ahora había sido adaptada como un lucrativo albergue turístico. Se trataba de un hombre maduro, de cabello cano, estatura mediana y complexión delgada. Aquella mañana silbaba alegremente una tonada local, mientras recogía los vasos de cristal que se encontraban en las mesas de hierro forjado con cubierta de cristal de la terraza, que apenas unos minutos atrás eran ocupadas por algún comensal. Le gustaba sonreír cuando cruzaba la mirada con los huéspedes y su atención hacia ellos era sumamente amable. Muy frecuentemente se detenía a conversar con quien fuera que respondiera a su sonrisa. Hablaba del clima; de las últimas noticias de nota roja; del huracán, que acababa de asolar la región una semana atrás; de la receta del día, que la esmerada cocinera reservaba celosamente como sorpresa  hasta la hora del almuerzo; de las zonas de la ciudad a las que se podía ir sin mayor problema y de aquellas que eran consideradas de peligro. Cualquier tema era ideal para socializar. Como cuando tres días atrás su mujer le pidiera pasar a comprar los materiales que su hija de cuatro años necesitaba para la escuela y que él olvidara por completo, teniendo que llevar consigo a la niña al trabajo, para dejarla encargada con Julián, el hombre de la recepción, mientras él iba de carrera a comprar los materiales, y más tarde a dejar a la niña a la escuela. Todo esto sin que su jefe o su mujer se dieran cuenta de semejante descuido.

Aquel día, Don Silvestre se iba a llevar la sorpresa de su vida, cuando se encontraba recogiendo los trastos sucios de las mesas. Un objeto de brillante color rojo que ondeaba en la copa de un árbol del jardín llamó su atención. Se trataba de un globo de helio con alguna especie de carta pendiendo del hilo que sujetaba la boquilla y que se había enredado en las ramas. Buscó la vieja escalera de aluminio, que utilizaba para podar los arbustos; Subió hasta el brillante objeto y lo descolgó. La hoja de papel que pendía del hilo era un sobre cerrado, con algo escrito en él, que Don Silvestre no podía distinguir debido a que no llevaba puestas sus gafas. Entró a la cocina a buscarlas, se colocó bajo la luz de una lámpara y leyó aquellas palabras escritas en el sobre, que provocaron que su corazón diera un vuelco.

“Dirigido a: Silvestre Mejía”

– ¡Yo soy Silvestre Mejía! ¿Cómo pudo llegar esto aquí? ¿Quién me lo mandaría y de esta forma tan extraña? – Se preguntó.

 Presuroso abrió el sobre y comenzó a leer:

 

   ”Me siento muy orgulloso de todo lo que he logrado durante estos años que he tenido la oportunidad de recibir una educación a pesar de que mi familia no es de ingresos altos y agradezco a Dios, que seguramente recibirá esta carta en el cielo, por todo lo que me ha dado. Atentamente: Andrés Alberto Ruvalcaba, 7 años”.

Don Silvestre quedó sumamente intrigado por el contenido de aquella misiva, pues no entendía la razón del contenido y mucho menos por qué iba dirigida a él. Repetía mentalmente aquellas palabras escritas sin comprender.

– ¿Un niño de siete años? ¿Por qué me escribió? ¿Y con una carta en un globo? – Repetía mentalmente sin entender.

Cuando abrió nuevamente el sobre para meter la carta, se percató de que había una pequeña tarjeta en el interior que no había visto al principio.  La sacó y leyó lo que tenía escrito:

“Escuela Silvestre Mejía, forjando a los niños del futuro”.

Después de unos instantes de sorpresa e incredulidad, tomó el directorio telefónico y buscó en la sección de escuelas. Ahí estaba, se trataba del mismo anuncio publicitario que acababa de leer en la pequeña tarjeta. “Escuela Silvestre Mejía, forjando a los niños del futuro”. Don Silvestre no podía dar crédito a lo que acababa de leer, tuvo que leerlo y releerlo varias veces más. La escuela llevaba su nombre. De inmediato tomó el teléfono y llamó al número que aparecía en el directorio para asegurarse que era real.

 – ¿Quién llama? – Dijo una voz de mujer del otro lado del teléfono.

 – Soy Silvestre Mejía.

 – No tengo tiempo para bromas – Respondió la voz  de la mujer con tono de enfado y acto seguido colgó.

Desde entonces, Don Silvestre tuvo una anécdota más que contarle a los huéspedes de aquella posada de estilo rústico y olores cálidos.

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13 comentarios

  1. Esas casualidades de la vida. Yo hubiera investigado más, incluso me hubiera acercado a la escuela. Silvestre se quedó con la anécdota, a veces es lo mejor.
    Humilde sugerencia: el primer párrafo está muy bien escrito pero quizá demasiado extenso para el relato y la historia.

  2. Hola Elena

    Gracias por tu comentario, estoy totalmente de acuerdo contigo, me quedó la misma sensación del párrafo extenso cuando terminé de escribirlo, se debe a que cambié el estilo de narración por completo a medida que iba escribiendo y al final me decidí por dejar las descripciones y centrarme en los hechos, pero ahora que tuve tu generosa segunda opinión modifiqué un poco el párrafo inicial.

    Muchas gracias y un abrazo

  3. Don Silvestre recibe un regalo motivo de coincidencia, por sus servicios y actitud ante la vida. Eso le basta y sobra para seguir siendo feliz. Saludos

    • Hola minicarver

      La vida siempre nos da regalos, algunos increíblemente buenos y otros no tanto, pero cada uno de ellos es siempre resultado de nuestra forma de conducirnos y tiene un motivo.

      Un abrazo

  4. El azar. Pero creo que cuando te llega un mensaje así tiene que tener un significado no puede ser mera coincidencia. Algo hay en el subconsciente que nos manda señales no te parece? No hay más que leer a Paul Auster. Muy bonito texto y muy bonitas fotos.
    Un cordial saludo,

    • Hola annefatosme

      Te agradezco el comentario, coincido completamente con él, nada es coincidencia sino cosecha de nuestras propias siembras.

      Te mando un abrazo

  5. ¡Qué historia tan bella! has retratado a Don Silvestre atravez de la narración de esta anecdota. El momento estelar está en el globo, en la tarjeta. Me hubiera gustado que la niña, que está presente en el relato, al final tuviera un dialogo en el que ella se sienta muy orgullosa de que su padre tenga una escuela con su nombre y que ademas le envien mensajes en globos rojos… o algo asi.
    Un abrazo.

    • Hola Ana María

      Sin duda habría sido un final maravilloso, se nota que tu experiencia escribiendo te ha dado una gran capacidad de imaginar buenas historias, aún estoy varios peldaños debajo de ti, pero espero llegar a ese nivel algún día. Muchas gracias por tu comentario y por tus palabras.

      Un abrazo

  6. Todo es posible…cuando en la vida nos esforzamos por dejar un legado para quienes nos suceden…me encantó. Un infinito abrazo colombiano

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