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  • El libro del mes

    El Fuego Verde

    Verónica Murguía

    Historia medieval de cuando los elfos y espíritus del bosque aún existían y los bosques llenaban la tierra como un mar verde

  • El disco del mes

    Ma Fleur

    Cinematic Orchestra

    Excelente disco de Acid Jazz que cuenta con la colaboración de importantes voces como la de Fontanella Bass y Patrick Watson

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La cita

El lugar estaba acordado, la hora y los detalles también, los amantes lejanos se encontrarían después de tanto tiempo, a la luz de las velas que serían testigas de aquel cruce de miradas.

Ninguno de los comensales en las otras mesas imaginaría la historia de aquellos encuentros de letras, besos y anhelos. Nadie adivinaría la extraña forma en la que el universo entero arroparía el encuentro entre libros, objetos de colección y bebidas con nombre de escritores. El mismo universo cuyos ciclos repite, abre y cierra una y otra vez, ahora presente para el par de amantes que alguna vez encendieron un solitario estacionamiento.

Hay fechas que marcan la vida, una de ellas estaba por llegar.

 

 

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21/05

…y desde entonces, sólo pensaba en aquella fecha. Día de reencuentros, besos perfectos y pieles desnudas. ¿Será que las brújulas se alinearían nuevamente? Quizá aquella lejana estrella de Belén traiga alguna respuesta. Finalmente, la llave fue depositada en la ventana correcta.

La llave

Tengo una llave mágica, que abre mundos misteriosos y puertas que conducen a  universos paralelos. A veces destraba candados y otras veces los cierra. Muchas otras se desliza por debajo de las puertas y queda al alcance de manos ajenas, pero siempre encuentra el camino a casa.

Mi llave es atolondrada, no siempre abre la puerta correcta, y ha cerrado más puertas de las que ha abierto, pero jamás se desgasta, ni se cansa de intentar.

Algunas veces lleva a sitios ocultos, en donde los amantes se besan sin cesar, pero también lleva a espacios abiertos, con olor a jengibre y hojas secas.

Como toda llave mágica no conoce límites, no sabe de convenios ni deudas sociales. Es libre, audaz, caprichosa, rimbombante,  y conoce pasadizos que conducen a mundos en donde sobran las explicaciones, en donde el pasado se queda atrás y sólo el presente es posible. En esos mundos no existen las ataduras ni los reproches, tampoco las vacilaciones ni el temor, en ellos los amores no matan, los besos hablan, y el único lenguaje que existe se expresa cuerpo a cuerpo.

Hoy quiero dejar esa llave en tu ventana, porque sé que hay un presente para nosotros…

 

 

El faro

Aquel día, Antón zurcaba por un eterno mar de confidencias, cuando la voz del canto de Daisy alcanzó a tocar su sombra. Aquel canto desesperanzado, que convertido en un profundo lamento, Antón escuchó una y otra vez con los ojos, y su mirada perdida no podía apartarse de los trazos de la musa.

Durante tres otoños navegó Antón a la deriva, por un océano de reglas no escritas, deseando terminar el viaje que sus letras habían emprendido tiempo atrás. Pero su caña de pescar tenía un hilo invisible, irrompible y quizá más fuerte que nunca, como si de un beso perfecto se tratara. Aquel mar de tinta, oscuro y silencioso, que parecía insondeable, de repente se iluminó con el fulgor de una estrella del norte, apacible, expectante y pendiente de su suerte.

Antón no pudo más que rendirse ante Daisy, la muchacha de la ventana, cuyos besos y piel anhelaba más que nunca, cuya historia había atestiguado desde las carreteras, a través de un tigre y una flor.

Ahora, tras los puntos suspensivos que enmarcaban una larga ausencia, Antón guardaba una pequeña esperanza, tal vez el mar no era tan profundo como parecía; tal vez la historia de los amantes anónimos, cuyos besos calaron hondo, no era una historia perdida en el tiempo. Tal vez, y sólo tal vez, Antón y Daisy encuentren su puerto, construido de añoranza, de dolor, de silencio y de un amor muy profundo y eterno.

Aquel día, Antón no deseaba otra cosa que construir un faro para iluminar la noche de Daisy.

Te pido perdón…

Escombré mi diván y encontré tus recuerdos, tan vívidos como cuando eran presente y tan lejanos como si de otra vida se tratara. El polvo acumulado de años me hizo sentir cansado y apesadumbrado, al grado que mis hombros resintieron tanta carga.

Hoy no quiero usar palabras poéticas ni metáforas, solo quiero abrir mi corazón si es que aún me lees.

Mis pensamientos, palabras y acciones para contigo son de profundo arrepentimiento por el daño que te hice, sé que pertenezco al baúl de los recuerdos al cual me llevaste tomados de la mano, sé que nada cambia lo sucedido, y sé que quizá mis letras y tus letras siguan convergiendo en la eternidad de nuestra historia no escrita; pero hoy más que nunca, quiero pedirte perdón.

Ni Madrid ni Tokio nos verán caminar, ni la Plaza de la Constitución compartirá sus fuegos artificiales con nosotros, ni los callejones del centro serán testigos de nuestros besos, ni los estacionamientos clandestinos volverán a detener el mundo, ni los helados de sabores exóticos complementarán el sabor de tus labios, ni las calles repletas de hojas secas murmurarán tu nombre, ni las salas de cine con su inseparable oscuridad nos cobijarán bajo un manto de ilusiones; nada de eso pasará, pero tampoco nada cambiará lo que vivimos; de eso no me arrepiento, ni por un segundo, ni por un instante; tampoco de pronunciar tu nombre, ni de escuchar el mío de tus labios; de lo único que me arrepiento es de haber dado la vuelta sin mirar atrás, y de haber soltado tu mano cuando deseaba aferrarme a ella. Desde entonces con cada paso que doy la distancia es mayor y cada paso duele; esa es mi penitencia, tan larga y cruel como ninguna, tan vana y dura como la vida misma.

Seguramente nuestros caminos no volverán a cruzarse, ni siquiera podría mirarte a los ojos o decirte las palabras correctas, pero eternamente llevaré conmigo el polvo del diván, tan pesado como la carga sobre mis hombros; te pido perdón, porque no era mi intención dañarte, y siempre te llevaré muy dentro, tan profundamente que duele.

Quizá hoy me siento impermanente, siempre lo fui, pero nunca lo sentí, y quiero limpiar mi esencia, en un afán de aferrarme al sentimiento de haber tenido una vida significativa, y en la medida de lo posible quiero limpiar el desastre que he dejado tras de mi.

Te pido perdón Denisse, por todo…

 

Tokio

Te leo, y camino contigo por esas calles tomados de la mano, a veces mudos y a veces extraños, no es casualidad, es el devenir de dos conciencias que deambulan unidas por un listón invisible, o tal vez era un muérdago.

Tokio estaba tan cercano, quizá más que las tierras andaluzas, hoy hasta una ciudad me parece demasiada distancia, estás aquí siempre presente, pero no puedo verte, tomo tu mano con mucha frecuencia pero no puedes sentirme, te platico aunque no me escuches y te leo, te leo…

Anhelo ese momento que nos hizo falta, sueño con él, nos encontraríamos sin intercambiar palabra alguna, la mirada hablaría, los labios se entenderían, la piel destilaría intensidad, y ambos callaríamos para alejarnos siempre unidos por la línea ulterior del pasajero encuentro, es un sueño y nada más.

Extrañándote

 

Te extraño… más que nunca… a ti y a tus letras

 

Extraño tu pierna desnuda en el asiento del auto…